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Lina Loaiza

Fundadora Vive la Bici

ENTREVISTA PERIÓDICO GENTE

Esta vecina de El Poblado (Medellín), que entró en depresión por la muerte de sus padres, encontró en la bicicleta una herramienta sanadora. Además creó un emprendimiento.

Apenas pisó Santiago de Compostela (España), Lina lloró durante 10 minutos. “Solo pensaba: Dios mío, si me trajiste hasta acá sana y salva, yo soy capaz con tu ayuda de formalizar y establecer lo que quiero, un trabajo que disfrute al máximo, un compañero que me ame y una vida saludable y de abundancia”. Y como todo el que hace este recorrido está condenado a repetirlo, ya lo ha hecho 6 veces, unas en bici y otras caminado. Cada uno con un propósito y un aprendizaje diferente.

A Lina María Loaiza, ingeniera de Diseño de Producto, magíster en Diseño Estratégico y especialista en Vías y Transporte, le cambió la vida cuando sus padres murieron de cáncer.

“En 2011, que se fue mi mamá, yo acababa de llegar de Italia de terminar la maestría. Acá comencé a trabajar con EnCicla, diseñando el proyecto de bicicletas públicas. Sin embargo, 3 años después, falleció mi papá y ahí sí me quedé sola”.

Lina entró en una tristeza profunda y luego de 1 año de vivir los tropiezos de una vida sin sentido y de ser atropellada por un taxista, entendió que tenía que salir del fondo del pozo.

“Me estaba matando yo misma, pero no sabía a quién pedirle ayuda, hasta que reuní a mis amigos más cercanos, unos 2 o 3, y les conté de mi gran tristeza y desesperación. Por medio de ellos llegué a cursos de PNL, ángeles, coach, libros y conferencias. Hice de todo y a medida en que iba corriendo el tiempo encontré una vía, una serie de actividades que me daban un poco de energía y ganas de vivir”.

En ese camino de sanación retomó las rodadas en bici, una pasión que había abandonado por cuidar a sus padres durante la enfermedad. “Y fue durante una montada, que un amigo me dijo que el Camino de Santiago (un viaje espiritual que les cambia la vida a las personas), se podía recorrer en bicicleta y demoraba 15 días. Inmediatamente en mi interior se me prendió una luz, o como decimos, recibí una señal: ¡Lina, tienes que ir! “.

Como loca, dice, llegó a su casa a investigar sobre este milenario camino de peregrinación. “Descubrí que tenía 800 km, comenzando desde un pequeño pueblo en Francia, que iba por todo el norte de España, pasando por ciudades como Pamplona, Logroño, León y finalizaba en los restos del apóstol Santiago”.

Invitó a sus amigos ciclistas a una comida para que compraran los tiquetes y solo llegó uno, Mauro, con quien emprendió ese largo viaje en abril del 2016. Allá se reencontró con ella misma y regresó a Medellín llena de fortaleza.

“Siempre que contaba mi experiencia la gente me pedía que, como yo ya lo había hecho, los llevara, y eso hice. En 2017 me fui por segunda vez con 9 personas, hasta que hace un año renuncié a mi trabajo en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá y hoy tengo mi propia empresa de turismo, Vive la Bici, para llevar más y más personas a recorrer el Camino de Santiago y que, a través de este viaje espiritual, cambien sus vidas y gocen de la plenitud”.

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